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Juan Román Riquelme, el último diez

Juan Román Riquelme no descubrió la Bombonera, pero un día de 1996 la Bombonera lo descubrió a él. Y se dejó pisar, igual que la pelota. Se entabló así un vínculo que se constituyó en una de esas noticias que dejan huella y dejan marca.

Juan Sasturain (Página 12).

Lo más curioso de Román, es que nació el 24 de junio de 1978, horas antes de que Argentina sea campeón del mundo, horas antes que Bertoni desate el delirio. Nació campeón, de la mano de sus padres, pero sintiendo de cerca al seleccionado de Menotti, con quien siempre se sintió identificado. El mayor de Diez hermanos, pero él fue el primero, el número uno.

Cuando era chico a Riquelme la madre lo lleva a catecismo y él se escapaba y se iba a jugar al potrero. Ese mismo chico prefería apoyar la oreja en una pelota número 5, en vez de en la almohada, cuando le tocaba dormir.

El momento más feliz de su vida fue cuando jugaba al fútbol en Campo de mayo, con la camiseta número 4, con su papa como técnico, por la cerveza o la gaseosa.

Papá, yo quiero dedicarme al fútbol”, le dijo a su padre en un charla de hombre a hombre después de que terminó la primaria. Cacho, su padre, lo entendió, con una condición, que se cuidara como un profesional desde el primer día. Desde ese momento la vida de Riquelme pasó a ser el fútbol, como se lo había prometido a su padre.

El primer ídolo de Román fue Ortega Sánchez, que jugó en Tigre, San Lorenzo y Racing. Iba siempre a verlo a la cancha del Matador de Victoria, de ahí viene su amor por “el Matador”.

Tenía dos horas de ida y dos de vuelta para ir a entrenar al Bajo Flores, donde lo hacían las inferiores de Argentinos. Se tomaba el tren y luego el 133. Era feliz cuando se podía colar, porque de esa manera se ahorraba dos pesos y podía compartir una gaseosa con los amigos.

Llegó a Boca y el 10 de noviembre de 1996 debutó en primera frente a Unión, con Carlos Salvador Bilardo como técnico. Nació una leyenda. Empezó la historia de amor, el Romance. Lo conocido.

Con Boca ganó diez títulos: cuatro Aperturas , uno Clausura, tres Libertadores, una Intercontinental y una Recopa. Tan grande es Juan Román Riquelme, que tiene una estatua de 220 centímetros en el Museo de Boca.

La primera pelea a la vista fue el 8 de noviembre del 2001, cuando le hizo “el Topo Gigio” a Mauricio Macri, presidente de la institución xeneize por esos días. Hasta la fecha dice que fue para Flopy, su hija. Ahí empezó el ida y vuelta: “Si Riquelme quiere ganar más que se vaya a Europa, no tengo relación con él”, aseveró el actual Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que le dijo al país a través de los medios cuanto ganaba el diez. “Con Macri no tengo nada que hablar”, sentenció el máximo ídolo de La Boca.

Boca Juniors lo vendió al Barcelona en 13 millones de dólares en el 2002 y en el 2008 se lo compró al Villarreal en 15.Con Van Gall fue una presentación y despedida, aunque los diarios decía otra cosa: “Riquelme: por fin, haznos campeones”, pero el técnico cerró la historia con un:“No entra en mi esquema táctico”.

Es posible que Riquelme en cien años sonría lo mismo que Ronaldinho en una hora?”, sentenció Sport luego de la salida del diez, pero Iniesta lo defiende hasta el día de hoy: “Muchos dicen que Riquelme no triunfó acá, pero yo aprendí mucho de él”.

En medio de las críticas, Riquelme recibió dos llamados. Uno fue por teléfono, era Carlos Bianchi: “Román volvé a España, agarrá el Villarreal y llevalo a lo más alto. Demostrá que se equivocaron con vos”. El otro fue mediato lo diarios, el gran Jorge Valdano: “En un fútbol donde todos piensan en la meta, Román disfruta del camino”,

Arribó a Villarreal, con Marcelo Pellegrini como técnico el equipo salió tercero, detrás de Real Madrid y Barcelona. Hizo 11 goles Riquelme y 17 Forlán, pero el ocho del submarino amarillo dio 14 asistencias. Así clasificaron a la Champions League.

Los 45 mil habitantes de la ciudad soñaban con la “orejona” y Riquelme con un actuación descomunal estuvo cerca de dárselas, con un “queremos ser campeones” después de eliminar al Inter en los Cuartos de final. En la semi, Román fue protagonista, porque faltando un minuto erró el penal que hubiera llevado el partido ante el Arsenal al alargue. Forlán salió a defenderlo: “Sin Román no hubiera llegado hasta acá”.

Después de 52 goles con Villarreal, una pelea con Pellegrini y una Roig, volvió a Boca, para darle al hincha la Libertadores 2007. Luego estuvo seis meses sin jugar, solo lo hacía en el seleccionado argentino, al ritmo de los tiros libres de Riquelme todo era triunfo.

Mientras Palermo alardeaba que era el capitán de la azul y oro, Riquelme tiró con todo lo que tenía: “Referente, capitán, son todas palabras inventadas. Yo sé quién soy, no necesito una cinta en el brazo”.

Después del retiro del goleador histórico de Boca, con quien tuvo más diferencias públicas, el diez sentenció: “Siempre le voy a agradecer a Palermo todos los goles que hizo porque soy hincha de Boca”. Román se quedó en Boca y le dio un nuevo título y estuvo cerca de darle otra Copa Libertadores, se quedó sin nafta en el final.

Mientras nadie sabe que será de Riquelme en el presente, una frase de él lo dice todo: “La camiseta 10 de Boca siempre será mia”.

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Categorías:Guillermo Ibarra
  1. enero 22, 2013 en 12:42 pm

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