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No se acostumbre, señor

No se acostumbre, señor, y no se le ocurra pensar que el milagro ocurrirá de vuelta. La historia es austera y selectiva, es un show de magia en el que la galera se utilizó solamente dos veces. El 30 de octubre de 1960 y el 24 de junio de 1987 se acercaron a este planeta dos personas con el único propósito de empañar de felicidad los ojos de una nación.

Una de ellas se llama Diego Armando Maradona, quien lamentablemente se encuentra del otro lado de la línea lateral porque alguien quiso que el cuerpo humano no tenga la misma resistencia que la memoria, porque los recuerdos son imborrables pero las piernas cumplen un ciclo.

A la otra le pusieron Lionel Messi y todo el mundo le dice “La pulga”. Actualmente, este muchachito de 25 años se ocupa de desparramar defensores y de hacer los goles más inesperados.

Por eso, señor, le pido que no se acostumbre, que se deje sorprender rutinariamente por esos enganches agudos y esas gambetas milimétricas, que tome conciencia de que este enano humilde, vestido de azul y rojo, probablemente quede para siempre estampado en la historia como el mejor jugador del mundo.

No se acostumbre, señor, porque no es normal ver a un argentino marcarle tres goles a Real Madrid en el “Derby” español con tan sólo 19 años. Está lejos de toda lógica que un tercermundista de 1.69 metros, a los 23, llegue a los 100 tantos y le convierta cuatro al Arsenal en cuartos de final de la Champions League.

Sígase sorprendiendo, porque usted le va a poder responder a sus nietos cuando le pregunten: “Abuelo, ¿Jugaba bien Messi?, ¿Por qué era distinto a los demás?”. Y le va a dar orgullo contarles que una vez arrancó desde mitad de cancha y gambeteó a cinco jugadores del Getafe para hacer un gol. Se va a emocionar cuando les recuerde que también dejaba todo cuando se ponía la celeste y blanca. Que en el Mundial sub 20 en Holanda se convirtió en el mejor jugador y goleador del campeonato para darle el trofeo a sus compañeros, y que obtuvo la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

Por todo esto no se acostumbre, no es común ver que el verdugo de Iker Casillas, el mejor arquero del mundo, nació en Rosario, y que este mismo pibe, que se cansa de ganar la Liga Española y el Balón de oro, escuche cumbia y sea fanático del dulce de leche.
Lo más gratificante, para usted y para todos, es saber que todas las mentes europeas reconocen que sus torneos están dominados por este pibe de potrero, que nació acá, y que será eternamente argentino.

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Categorías:Tomás Puentes
  1. Jorge Rocha
    agosto 26, 2012 en 7:30 pm

    Gracias Tomas por recordarnoslo.

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